07 octubre 2011

Los sueldos de los directivos de bancos y cajas

El tema de los sueldos de los altos directivos es un punto fácil de criticar, que crea adhesiones muy rápidamente y puede ser tratado de forma populista.

Sin embargo, no voy a negar que me va el populismo, si entendemos por ello la acepción siguiente:

Término político usado para designar corrientes heterogéneas pero caracterizadas por su aversión discursiva o real a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e ideológicas), su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al "pueblo" como fuente del poder.

O más que populista, un modesto economista que no depende de los poderes fácticos para vivir. Y por tanto se puede permitir el lujo de decir lo que piensa. Si la cosa cambia ya os avisaré.

Las cajas de ahorro y los bancos con problemas no se puede decir que hayan tenido unos timoneles demasiado afortunados. Confieso que hay una serie de razones económicas para defender que los sueldos de los altos directivos de grandes empresas sean muy altos, atendiendo a criterio de libre mercado y demás. Al fin y al cabo, ¿no pasa lo mismo con los futbolistas de élite?

Pero yo esta vez no justificaré lo injusto, por muy justificable que pueda ser para algunos. A mi me parece una vergüenza suprema que directivos de entidades que han sido mal gestionadas cobrasen unas remuneraciones muy por encima de sus capacidades, teóricas y prácticas, y que encima se prejubilen con pagas cuantiosas.

Veamos que nos puede justificar que profesionales de las altas esferas tengan sueldos muy altos:

  1. La capacidad de gestionar la empresa o su departamento. Que se evaluaría por su formación y experiencia.
  2. El riesgo que conlleva su actividad. Por ejemplo de responder con sus bienes presentes y futuros si la empresa cierra y el concurso es declarado culpable.
  3. Una inteligencia o habilidad directiva que permita generar beneficios por encima de sus competidores, a largo plazo.

Y hay más razones. Si eres un gran profesional, te contratarán grandes empresas, a las que harás ganar mucho dinero y te pagarán acorde con ello. Esta es la teoría, que resulta muy bonita pero, me temo, no generalizable.

Si mi experiencia tratando altos directivos (escasa pero suficiente) es estadísticamente significativa, los grandes popes empresariales no se ganan el sueldo que tienen. Ni geniales, ni arriesgados ni con una formación e inteligencia sobresalientes. Hijos de clientes ricos, compañeros de clase de universidades de renombre, amigos del jefe, del político de turno. Estos elementos son los que cobran sueldos que ni de lejos se adaptan a sus capacidades de crear valor añadido para la empresa.

Además el beneficio que uno genera no depende sólo de su gestión y decisiones. Si mi empresa tiene un trabajador y genero 6.000 euros de beneficio al mes, soy un buen gestor. Si tiene 1.000 trabajadores y genero 6.000.000 euros al mes, también lo soy. Pero tal vez mi sueldo debería ser el mismo. El beneficio es una magnitud relativa, no absoluta. Y además hay que ver quien lo genera, que no siempre son las decisiones de las cúpulas directivas.

Se supone que el riesgo de apostar tu capital a un emprendimiento justifica los beneficios que se puedan obtener. Pero ¿qué riesgo asumen los directivos de las cajas? ¿Qué los prejubilen con remuneraciones millonarias?

Por higiene democrática se tendría que hacer pública la información referente a los sueldos, pensiones vitalicias, indemnizaciones millonarias de los contratos blindados de todos los directivos de las grandes empresas, cajas y bancos incluidos. O como mínimo de las entidades financieras que han recibido mi dinero para no cerrar (y el vuestro).

Una relación de remuneraciones junto a un curriculum vitae de las capacidades. Tal vez nos llevaríamos una sorpresa. Siendo populista una vez más, el pueblo no puede consentir que se le estafe. Cada euro de nuestro bolsillo que va a parar al de otros debe estar bien justificado.

Algún día, tal vez, los poderosos dejen de aprovecharse de la ignorancia (muchas veces voluntaria) del resto de ciudadanos. Mientras llega este día, seguiremos berreando.

 








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